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Entrevista al antiguo propietario de Pacha Ibiza Ricardo Urgell, fundador del grupo Pachá en 1973.

Prensa Internacional, Prensa Nacional
Interview with the former owner of Pacha Ibiza, Ricardo Urgell, founder of the Pacha Group in 1973.

El antiguo propietario de Pacha Ibiza es Ricardo Urgell, fundador del grupo Pachá en 1973. En entrevistas recientes ha confesado su arrepentimiento por haber vendido la discoteca y relatado cómo la creación del club cambió su vida y la historia turística de Ibiza.

Entrevista con Ricardo Urgell, fundador y antiguo propietario de disco Pachá.

Orígenes de Pachá

  • Fundación: 1973 en Ibiza, tras abrir el primer Pachá en Sitges en 1967.
  • Contexto: Ibiza era vista como un lugar de hippies y censura franquista; Urgell vio una oportunidad donde otros no.
  • Símbolo: Las dos cerezas, hoy reconocidas mundialmente.

Reflexiones de Urgell tras la venta

  • Venta: En 2017 vendió el grupo Pachá por unos 350 millones de euros a Trilantic Capital Partners.
  • Arrepentimiento: “Me di cuenta de que no me había desprendido de la empresa, sino que había vendido mi vida”, declaró en una entrevista.
  • Consecuencias personales: Sufrió ansiedad y pesadillas tras la operación.

Opinión sobre el presente de Pachá

  • Urgell asegura que “Pachá ya no es lo que era”, según le comentan amigos y clientes en la calle.
  • Critica decisiones de los nuevos propietarios, como la venta de activos (ej. Hotel Pachá) y la gestión laboral.
  • Aunque conserva acciones, afirma que ya no lo escuchan en el consejo de administración.

Legado y visión

  • Impacto cultural: Pachá marcó el inicio de Ibiza como capital mundial del ocio nocturno.
  • Estilo de vida: El nombre “Pachá” proviene de la expresión árabe basha, que significa alguien rico y poderoso, reflejando el lujo y exclusividad que buscaba transmitir.
  • Posible regreso: A sus más de 80 años, Urgell ha insinuado que podría volver a involucrarse en negocios nocturnos en Ibiza.

Por Redacción Internacional

En 1973, Ricardo Urgell abrió las puertas de Pachá Ibiza, una discoteca que acabaría convirtiéndose en símbolo mundial del ocio nocturno y en referente cultural de la isla. Más de cuatro décadas después, en 2017, vendió el grupo Pachá por unos 350 millones de euros. Hoy, a sus más de 80 años, reflexiona sobre aquella decisión, el legado de su marca y el futuro de Ibiza.

Periodista: Señor Urgell, ¿cómo nació la idea de abrir Pachá en Ibiza? Ricardo Urgell: Yo ya había abierto el primer Pachá en Sitges en 1967. Ibiza era entonces un lugar de hippies, censura y libertad a medias. Pero vi que tenía un magnetismo especial, un espíritu que atraía a gente distinta. Pensé que allí podía crear algo único, y así nació Pachá Ibiza en 1973.

Periodista: ¿Qué significaba el nombre “Pachá”? Ricardo Urgell: Viene de la palabra árabe basha, que significa alguien rico y poderoso. Quería transmitir lujo, exclusividad y un estilo de vida diferente. Las cerezas, nuestro símbolo, se convirtieron en un icono mundial.

Periodista: En 2017 vendió el grupo. ¿Cómo vivió esa decisión? Ricardo Urgell: Fue un error. Me di cuenta de que no había vendido una empresa, sino mi vida. Durante meses tuve pesadillas y ansiedad. Pachá era parte de mí, y desprenderme de ello fue muy duro.

Periodista: ¿Qué opina de la gestión actual de Pachá? Ricardo Urgell: Mis amigos me dicen que “Pachá ya no es lo que era”. Se han vendido activos como el Hotel Pachá y se han tomado decisiones que yo nunca habría tomado. Aunque aún tengo acciones, ya no me escuchan en el consejo. Es triste ver cómo algo que construiste con pasión cambia de rumbo.

Periodista: ¿Cuál cree que fue el mayor impacto de Pachá en Ibiza? Ricardo Urgell: Transformó la isla. Ibiza pasó de ser un destino hippie a convertirse en capital mundial del ocio nocturno. Atrajo turismo internacional, DJs de renombre y puso a la isla en el mapa cultural. Pachá fue mucho más que una discoteca: fue un fenómeno social.

Periodista: ¿Se arrepiente de haber vendido? Ricardo Urgell: Sí. Económicamente fue una gran operación, pero emocionalmente fue devastador. Pachá era mi vida, mi identidad. Si pudiera volver atrás, no lo vendería.

Periodista: ¿Se plantea volver al negocio nocturno? Ricardo Urgell: Nunca se sabe. A mi edad, uno piensa más en disfrutar que en emprender, pero la noche siempre me ha dado energía. Si surge algo interesante, podría volver a involucrarme. Ibiza sigue siendo mágica.

Periodista: Señor Urgell, cuando abrió Pachá en Ibiza en 1973, ¿imaginaba que se convertiría en un fenómeno mundial? Ricardo Urgell: En absoluto. Yo lo que quería era crear un espacio donde la gente pudiera sentirse libre, bailar sin prejuicios y disfrutar de la música. En aquella época, Ibiza era un lugar muy distinto: había hippies, artistas, viajeros que buscaban espiritualidad y un ambiente de libertad que contrastaba con la España franquista. Pachá nació como un reflejo de esa energía. Nunca pensé que acabaría siendo un símbolo global, pero la isla tenía algo magnético, y eso se trasladó a la discoteca. Con el tiempo, DJs de todo el mundo vinieron, y Pachá se convirtió en una marca que representaba la esencia de Ibiza: fiesta, música y libertad.

Periodista: ¿Cómo ve la evolución de Pachá bajo la nueva gestión? Ricardo Urgell: Mis amigos me dicen que “Pachá ya no es lo que era”. Y yo lo noto también. Se han vendido activos como el Hotel Pachá, se han tomado decisiones que yo nunca habría tomado. Para mí, Pachá no era solo un negocio, era un estilo de vida, un símbolo de Ibiza. Cuando se gestiona únicamente desde la perspectiva financiera, se pierde parte de la esencia. La discoteca sigue siendo un lugar icónico, pero la magia que tenía en los años setenta, ochenta y noventa era irrepetible. Era un espacio donde se mezclaban culturas, donde se respiraba libertad. Hoy, aunque sigue siendo un referente, siento que se ha convertido más en un producto que en una experiencia.

Periodista: ¿Qué legado cree que deja Pachá en la historia de Ibiza? Ricardo Urgell: Pachá transformó la isla. Antes de nuestra llegada, Ibiza era un destino alternativo, bohemio. Con Pachá, se convirtió en la capital mundial del ocio nocturno. Atrajo turismo internacional, DJs de renombre, artistas, celebridades. Puso a Ibiza en el mapa cultural y económico. La discoteca fue mucho más que un lugar para bailar: fue un fenómeno social que cambió la percepción de la isla. Hoy, cuando alguien piensa en Ibiza, piensa en música, fiesta y libertad, y Pachá tuvo mucho que ver en esa transformación. Ese es el legado que me enorgullece: haber convertido un sueño en un símbolo global.

Periodista: ¿Se arrepiente de haber vendido? Ricardo Urgell: Sí, me arrepiento. No por el dinero, sino por lo que significaba para mí. Pachá era mi vida, mi pasión. Venderlo fue como desprenderme de mi propia identidad. Si pudiera volver atrás, no lo vendería. Pero también entiendo que la vida es así: tomas decisiones, algunas acertadas, otras no tanto. Lo importante es reconocerlo y seguir adelante. Hoy disfruto de mis hijos, de mis nietos, de la tranquilidad que me da la edad. Pero siempre llevaré Pachá en el corazón.

Periodista: ¿Se plantea volver al negocio nocturno? Ricardo Urgell: Nunca se sabe. La noche siempre me ha dado energía, me ha hecho sentir vivo. Aunque a mi edad uno piensa más en disfrutar que en emprender, no descarto volver a involucrarme en algún proyecto. Ibiza sigue siendo mágica, y la gente siempre busca lugares donde vivir experiencias auténticas. Si surge algo interesante, podría volver. Pero lo haría con la misma filosofía de siempre: crear un espacio donde la gente se sienta libre, donde la música sea el lenguaje universal y donde la experiencia esté por encima del negocio.

Periodista: Señor Urgell, ¿cómo recuerda aquellos primeros años de Pachá en Ibiza? Ricardo Urgell: Fueron años de pura intuición y riesgo. Ibiza en los setenta era un lugar que vivía entre dos mundos: por un lado, la represión franquista todavía marcaba la vida en España; por otro, la isla se había convertido en refugio de artistas, hippies y viajeros que buscaban libertad. Yo llegué con la idea de replicar el espíritu de Sitges, pero pronto entendí que Ibiza tenía una energía distinta, más magnética. La gente que venía buscaba experiencias, no solo diversión. Pachá se convirtió en un espacio donde todo eso se mezclaba: música, libertad, sensualidad, creatividad. No era solo una discoteca, era un laboratorio social. Allí se cruzaban europeos, americanos, locales, todos con ganas de romper barreras. Esa mezcla fue la clave del éxito y la razón por la que Pachá se convirtió en un símbolo mundial.

Periodista: ¿Qué opina de la evolución de Pachá bajo la nueva gestión? Ricardo Urgell: Mis amigos me dicen que “Pachá ya no es lo que era”. Y yo lo noto también. Se han vendido activos como el Hotel Pachá, se han tomado decisiones que yo nunca habría tomado. Para mí, Pachá no era solo un negocio, era un estilo de vida, un símbolo de Ibiza. Cuando se gestiona únicamente desde la perspectiva financiera, se pierde parte de la esencia. La discoteca sigue siendo un lugar icónico, pero la magia que tenía en los años setenta, ochenta y noventa era irrepetible. Era un espacio donde se mezclaban culturas, donde se respiraba libertad. Hoy, aunque sigue siendo un referente, siento que se ha convertido más en un producto que en una experiencia.

Periodista: ¿Qué legado cree que deja Pachá en la historia de Ibiza? Ricardo Urgell: Pachá transformó la isla. Antes de nuestra llegada, Ibiza era un destino alternativo, bohemio. Con Pachá, se convirtió en la capital mundial del ocio nocturno. Atrajo turismo internacional, DJs de renombre, artistas, celebridades. Puso a Ibiza en el mapa cultural y económico. La discoteca fue mucho más que un lugar para bailar: fue un fenómeno social que cambió la percepción de la isla. Hoy, cuando alguien piensa en Ibiza, piensa en música, fiesta y libertad, y Pachá tuvo mucho que ver en esa transformación. Ese es el legado que me enorgullece: haber convertido un sueño en un símbolo global.

Periodista: ¿Qué papel jugó la música en la identidad de Pachá? Ricardo Urgell: La música fue el corazón de todo. Desde el principio entendí que no bastaba con tener un espacio bonito o exclusivo; había que ofrecer una experiencia sonora que atrapara. En los setenta y ochenta, Pachá fue pionero en traer DJs internacionales, en apostar por sonidos que no se escuchaban en otros lugares de España. La música electrónica, el house, el techno… todo eso encontró en Ibiza un laboratorio perfecto. Los DJs no venían solo a pinchar, venían a experimentar, a crear atmósferas. Pachá se convirtió en un templo donde la música era el lenguaje universal. Esa apuesta por la innovación musical fue lo que nos diferenció y lo que convirtió a la discoteca en un referente mundial.

Periodista: ¿Cómo era la relación de Pachá con la comunidad local de Ibiza? Ricardo Urgell: Siempre intentamos que Pachá no fuera una burbuja aislada. La isla nos dio mucho y nosotros quisimos devolverlo. Contratábamos a gente local, colaborábamos con artistas ibicencos, apoyábamos iniciativas culturales. Pachá no era solo un negocio turístico, era parte de la vida de la isla. Evidentemente, con el tiempo hubo tensiones: el crecimiento del turismo cambió la fisonomía de Ibiza, y algunos lo vieron como una invasión. Pero yo siempre defendí que Pachá aportó riqueza, empleo y visibilidad internacional. Ibiza se convirtió en un destino global gracias, en parte, a la marca que construimos.

Periodista: ¿Qué momentos personales recuerda con más cariño dentro de Pachá? Ricardo Urgell: Hay muchos. Recuerdo noches interminables en las que la pista estaba llena de energía, con gente de todas partes del mundo bailando como si no hubiera mañana. Recuerdo conversaciones con artistas, con DJs que luego se convirtieron en leyendas. Recuerdo también la satisfacción de ver cómo las cerezas se transformaban en un símbolo global. Pero, sobre todo, recuerdo la sensación de haber creado un espacio donde la gente se sentía libre. Esa libertad era lo más valioso: ver a personas que llegaban con prejuicios y que, después de una noche en Pachá, se iban con una sonrisa y con la sensación de haber vivido algo único.

Periodista: ¿Qué visión tiene hoy de Ibiza como destino turístico? Ricardo Urgell: Ibiza ha cambiado mucho. En los setenta era un lugar alternativo, bohemio, con una energía espiritual muy fuerte. Hoy es un destino de lujo, con hoteles cinco estrellas, beach clubs y una oferta que atrae a un turismo muy distinto. No digo que sea malo, pero sí diferente. La esencia de la isla, esa mezcla de libertad y creatividad, se ha visto diluida por la presión económica y urbanística. Aun así, Ibiza sigue teniendo algo especial, algo que no se encuentra en ningún otro lugar. La isla tiene un magnetismo que no desaparece, y por eso sigue siendo un referente mundial.

Periodista: ¿Qué consejo daría a los jóvenes emprendedores que sueñan con crear un proyecto como Pachá? Ricardo Urgell: Les diría que no piensen solo en el dinero. El éxito de Pachá no vino de una estrategia financiera, sino de una pasión auténtica por crear experiencias. Hay que arriesgar, hay que escuchar a la gente, hay que innovar. Y, sobre todo, hay que tener claro que un proyecto con alma vale más que cualquier balance económico. Si uno crea algo que conecta con las personas, que les hace sentir, entonces tiene futuro. El dinero llega después, pero la pasión es lo que sostiene todo.

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